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MatamoroSon, variadas actividades en cierre del evento

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Como parte de las actividades del Festival del Son MattamoroSon fue presentado en la ciudad de Santiago de Cuba el libro “Música Popular Bailable Cubana. Letras y juicios de valor (siglos XVIII-XX)” de la autora Liliana Casanella Cué.

Este es sin dudas un material de alto valor para los estudiosos y los amantes de los géneros populares de nuestra música.

La presentación tuvo lugar en el Callejón del Carmen, calle peatonal ubicada en el centro histórico de esta urbe donde se encuentra emplazada la escultura en bronce a tamaño natural del inolvidable Miguel Matamoros.

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Como colofón el público pudo disfrutar del estilo inconfundible del Septeto de la Trova, agrupación perteneciente a la agencia Son de Cuba de la EGREM, que cuenta con una amplia trayectoria en los escenarios cubanos.

Hoy 19 de octubre concluye el MatamoroSon con la actuación de la orquesta Van Van en la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales.

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Mientras durante el día continúa el disfrute del son cubano en la Casa de la Trova, el Salón del Son, la Plaza de Marte, la calle Trocha, entre otros sitios.

Y también en la Casa de la trova santiaguera…

El son como el bolero es una creación que significó un gran aporte a la historia de la música de nuestro país. De ahí el gran arraigo que logran aún hoy en día cuando la fusión y los géneros modernos acaparan espacios en el espectro sonoro.

Por ello resulta grato disfrutar en Santiago de Cuba de un Festival de la Trova al que asisten diferentes generaciones de cantautores, y que perdura como el festival más antiguo de Cuba.

También es reconfortante que desde hace ya más de una década se viva aquí un Festival del Son, protagonizado por músicos de todo el país. Un encuentro que destaca por su amplia convocatoria, que toma por asalto a todos los escenarios de la ciudad.

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Un ejemplo de ello es la Casa de la trova santiaguera, templo de la canción trovadoresca, pero también de la buena música cubana. Entonces no extraña que gustosa seda sus espacios al MatamoroSon, justo en el corazón de esta añeja urbe.

Grupos del patio como el Septeto Santiaguero en esta ocasión acompañado de José Alberto “El canario”, Moneda Nacional que junto a Raúl Lora presenta por estos días un nuevo audiovisual, La pasión, Dinza y su sonora, Son del tres, así como otros llegados desde otras provincias como Son entero de Camaguey, Ellas Son de Villa Clara, entre otros amenizan las tardes de este gustado sitio.

Un momento muy particular tuvo lugar en el Salón de los Grandes de esta Casa de la Trova “Pepe Sánchez”, y fue el homenaje de La estudiantina invasora al recientemente fallecido Inaudis Paisán, quien junto a su trompeta se mantendrá por siempre unido a este sitio.

Jornadas de lujo para todos los seguidores del son, género indisolublemente ligado a Santiago de Cuba y su gente.

Historias del carnaval santiaguero (I)


Con el paso de los años los cronistas de la ciudad han coincidido en afirmar que el carnaval o mamarrachos como también se le conocía en sus inicios, es el evento festivo de mayor repercusión y prevalencia en Santiago de Cuba. Calificada también como una de las fiestas más importantes, con la peculiaridad de que era un momento en el que todos compartían y celebraban en las calles.
Los otrora mamarrachos han sido siempre sinónimo de bullicios, algarabías y excesos, a tal punto que por allá por el siglo XVIII llegaron a estar prohibidos por “Real Cédula”, situación que no duró mucho porque ya formaban parte de la vida de los pobladores.
Fiestas informales que duraban hasta horas de las madrugadas en las que las personas recorrían las calles, jugaban burlas a los habitantes de la ciudad, y en muchas ocasiones hasta usaban disfraces extravagantes y del sexo opuesto. Todo en ambientes llenos de euforia y con la combinación de cantos y bailes populares.
Según un periódico de la época en las carnestolendas santiagueras del siglo XVIII también existía la práctica de las aguas arrojadizas y líquidos proyectiles, que no por ser tradición resultaban menos molestos y chocarreros. Diversión que fue prohibida pero que aún así se manifestaba con gran fuerza, a tal punto que en febrero de 1830 el gobernador interino Juan Crisótomo de Moya, decidió suprimir el arrojar aguas aunque fueran de olor y todo tipo de polvos y confites.
María Elena Orozco Melgar, lo reseña así: “Indudablemente eran las fiestas del carnaval o de los mamarrachos las más populares y, como se decía en una crónica de la época (siglo XIX), “la única posibilidad de diversión de algunas clases sociales… la única diversión popular conocida en el país” y para la que todos se preparaban con anticipación”.
Referencia al Santiago de siglos más atrás pero que para nada difiere de la realidad del presente, pues los santiagueros de hoy igualmente opinan que “no es posible hablar de identidad santiaguera sin referirse al evento cultural por excelencia que cada julio convierte a la ciudad en una gran fiesta: el carnaval”. Celebración que ha sido catalogada como “emblema de la ciudad”.