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JOSÉ MARTÍ ENTRE UN RAÚL Y UN OBAMA

Autora: Aime Sosa Pompa.

“La política tiene sus púgiles” , escribió en 1885 José Martí, el Héroe Nacional de nuestra Patria. 129 años después, exactamente el 17 de diciembre de 2014, una fecha que forma parte de las memorias del siglo 21, dos hombres mostraron al mundo cómo se pueden medir las fuerzas políticas y decidir el rumbo de dos naciones, desde el cuadrilátero de las relaciones internacionales.
“Thank you. God bless you and God bless the United States of America”. “Muchas gracias”. Con ambas fórmulas de cortesía y compostura se despidieron de una audiencia planetaria, dos presidentes que aún representan a sendas repúblicas en una pugna milenaria e histórica: Barack Hussein Obama II, el Presidente número 44 de los Estados Unidos, y Raúl Castro Ruz, el cuarto de la Cuba revolucionaria.
Ambos dieron sus discursos centrados en temas que marcarían la despedida del 2014: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la liberación e intercambio de presos que cumplían largos años de reclusión por cargos de terrorismo. Sin embargo, el camino que recorrieron para ello fue como una vez lo hizo el propio Martí: (…) “en silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.”
Por una parte estaba un afroamericano Obama, a quien muchos consideran líder de una serena revolución en el imperio norteamericano, que parece estar conduciendo a su país por una marcha segura y con aparentes logros imposibles. Pertenece a un Estado con una casta de gobernantes que el propio Martí caracterizaba desde el siglo 19: Esta camarilla (…) “ha estudiado todas las posibilidades de la política exterior, todas las combinaciones que pueden resultar de la política interna, hasta las más problemáticas y extrañas. Como con piezas de ajedrez, estudian de antemano, en sus diversas posiciones, los acontecimientos y sus resultados, y para toda combinación posible de ellos, tienen la jugada lista. ”
Y en el otro lado estaba un Castro, Raúl, el Presidente del Consejo del Estado y de Ministros, hermano menor del gran estratega y líder Fidel, a quien sustituye desde el 2008; que funge además como Primer Secretario del único Partido, Comunista, “heredero” del que fundara Martí en 1892: “Para salvar a las islas de peligros (Puerto Rico y Cuba) se funda el Partido Revolucionario Cubano, y no para aumentarlos. Para impedir la horda se funda, y la invasión personal y estéril, no para favorecer la invasión personal, y fomentar la horda (…).”
Hasta los menos avezados en las prácticas diplomáticas se dieron cuenta de que estaban siendo testigos de una gran partida de ajedrez que fue lanzada al ruedo de las grandes coyunturas maestras aquel 17D, como se signa al acontecimiento. Desde un punto de vista lingüístico, ambos discursos, ofrecidos y divulgados casi a la misma hora por todos los canales de información de la Tierra, eran resultado de la retórica conciliadora que caracteriza en muchos momentos a las ideologías políticas.
A una buena parte de los testigos del hecho le dio la impresión de que en esta batalla retórica de dos guerreros continentales, enrolados en una de las más contundentes lides del siglo moderno, se hablaba un lenguaje sosegado, calmoso, apaciguado, quizás como lo hubiera querido el autor de los Versos Sencillos: (..) “porque no tiene derecho a los refinamientos de la calma un lenguaje que no ha sabido conquistar aún para su pueblo la calma honrada y libre (…).”
Y es que escuchar a los dos hombres fue para muchos el mayor momento de consuelo que pudieran haber aspirado para los festejos de ese fin de año. Así, según las emociones de la razón, esa actividad humana pendiente de la toma de decisiones de los gobiernos que es la política, había logrado esperanzar y confortar a muchos como lo quiso Martí en su época: “Nosotros diríamos a la política: !Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra. “
Precisamente ese día, los cubanos insulares y los cubanos continentales, es decir, los que habitan en el archipiélago y los que viven en Estados Unidos, estaban atravesando un caleidoscopio de sensaciones: alarmas, temores, entusiasmos, palpitaciones, exaltaciones…. “Pero de lejos se ve poco” , escribió Martí. Después llegó la hora en que esos mismos cubanos de acá y esos cubanos de allá, dejaron a un lado “los primeros vapores de la impresión, la antipatía y la simpatía injusta” , para sentarse a reflexionar sobre lo que sucedió el 17D y lo que ha seguido sucediendo, pues “no hay que estar a las palabras, sino a lo que está debajo de ellas. ”
Los Estados Unidos de América, ese “país erizado y ansioso” que conoció el padre del Ismaelillo, ha sido visto por generaciones de insulares no sólo como un “riñón criollo” , sino también como el “Norte revuelto y brutal que los (nos) desprecia2.
Al mismo tiempo muchas personas han percibido a Cuba como un pequeño caimán en el Mar Caribe y una minúscula llave en el Golfo de México, sin darse cuenta de que Estados Unidos es “una nación que por geografía, estrategia, hacienda y política necesita de nosotros.” No es de extrañar entonces cómo ha sido la estancia y desafío de ambas naciones a sólo 90 millas.
Las expresiones de Raúl presagiaban mucha tensión, como vivió el Apóstol en aquel discurso legendario: “Para Cuba que sufre, la primera palabra. (…) por este pueblo de amor que han levantado cara a cara del dueño codicioso que nos acecha y nos divide (…).” Asimismo la intervención de Obama dejaba “saber cuál es la posición de este vecino codicioso, que confesamente nos desea. ”
Desde una mirada aguda, las retóricas presidenciales dejaron entender un vínculo difícil de disolver para tiempos futuros. No sólo se afirmaba desde los primeros segundos que los Estados Unidos de América empezaba a cambiar su relación con el allende pueblo cubano; sino que también se usaron con marcadas intenciones, proposiciones cargadas de un sentido anímicamente positivo: un enfoque obsoleto y una política rígida daban paso a un liderazgo renovado de los Estados Unidos; en la relación única, al mismo tiempo de amigos y enemigos, se brindaba una mano de amistad y se proponía ser socios en los esfuerzos; se aseveraba que todos somos americanos; y del mismo modo se veía un mejor futuro signado por un diálogo respetuoso, desde la igualdad soberana y sin negar las diferencias.
Era la constancia de que se estaban abriendo puertas que por más de medio siglo habían sido fuertemente cerradas, y que había provocado en la mayoría de los cubanos del Caribe, una posición de resistencia sensible para los anales de la historia. Aunque José Martí ya había profetizado: (…) “los cubanos saben disponer a tiempo el remedio inmediato a un mal inmediato (…)”.
¿Unidad? ¿A unirse? ¿A eso convoca la retórica presidencial del 17-D? Es posible vislumbrar ese llamado martiano: “Dicen que la separación de Cuba sería el fraccionamiento de la patria.” Entonces los cubanos de afuera y de adentro deben regresar al Martí que se levanta entre un Raúl y un Obama, pues: (…) “sólo obrando con razón perfecta se decide la suerte de los pueblos, y sólo obedeciendo estrictamente a la justicia se honra a la patria, desfigurada por los soberbios, envilecida por los ambiciosos, menguada por los necios (…).”
Al parecer, a los isleños que viven la Revolución triunfante después del 59, le sobrevive un temor plagado de anexiones y muchas tipos de guerras: “Para que la Isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque, si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a serlo. ”
Sirva entonces para los cubanos del archipiélago caribeño y para los cubanos del continente americano esta proclama del Martí al que siempre debemos retornar: “!Bello es ver alzarse en una sola idea, de entusiasmo y prudencia a la vez, a un pueblo de orígenes diversos y composición difícil, en la hora suprema en que se requieren juntamente la prudencia y el entusiasmo!.”

1-Los secretarios del Presidente. La Nación, Buenos Aires, 4 de octubre de 1885. Obras Completas (O.C.), t. 13, pp. 287-290. Todas las citas han sido tomadas de las Obras Completas de José Martí. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
2-Carta a Manuel Mercado, 18 de mayo de 1895. O.C., t. 5, pp. 250-252.
3-Los secretarios del Presidente. La Nación, Buenos Aires, 4 de octubre de 1885. O.C., t. 13, pp. 287-290.
4-La proclamación del Partido Revolucionario Cubano el 10 de abril. Patria, Nueva York, 16 de abril de 1892. O.C., t. 1, pp. 387-391.
5-Lectura en Steck Hall. Leída el 24 de enero de 1880 en reunión de emigrados cubanos, en Steck Hall, Nueva York. O.C., t. 4, pp. 181-211.
6-Herbert Spencer. La futura esclavitud. La América, Nueva York, abril 1884. O.C., t. 15, pp. 387-392.
7-¿A los Estados Unidos? La Doctrina de Martí, Nueva York, 15 de agosto de 1897. O.C., t. 28, pp. 289-290.
8-Ibídem.
9-Autonomismo e Independencia. Patria, Nueva York, 26 de marzo de 1892. O.C., t.1, pp. 355-356.
10-A la raíz. Patria, Nueva York, 26 de agosto de 1893. O.C., t.2, pp. 377-380.
11-!A Cuba! Patria, Nueva York, 27-enero-1894. O.C., t. 3, pp. 47-54.
12-Carta a Manuel Mercado, 18 de mayo de 1895. O.C., t. 5, pp. 250-252.
13-Carta a Gonzalo de Quesada New York, 29 de octubre de 1890. O.C., t. 1, pp. 247-252.
14-Con todos y para el bien de todos. Discurso en el Liceo Cubano. Tampa. 26 de noviembre de 1891. O.C., t. 4, pp. pp. 269-279.
15-Carta a Gonzalo de Quesada. Nueva York, 29 de octubre de 1890. O.C., t. 1, pp. 247-252.
16-El remedio anexionista. Patria, Nueva York, 2 de julio de 1892. O.C., t. 2, pp. 47-50.
17-La República Española ante la Revolución Cubana. Madrid, 15 de febrero de 1873. O.C., t.1, pp. 89-98.
18-Ibídem.
19-Carta a Gonzalo de Quesada. Nueva York, 29 de octubre de 1890. O.C., t. 1, pp. 247-252.
20.La Proclamación del Partido Revolucionario Cubano el 10 de abril. Patria, Nueva York, 16 de abril de 1892. O.C., t. 1, pp. 387-391.