
Este sábado 10 de noviembre José Soler Puig cumpliría 96 años de edad, un hombre que se ganó la categoría de santiaguero ilustre por sus aportes a la literatura cubana y el apego que siempre profesó a su Santiago querido, y quien es considerado sin lugar a dudas uno de los más notables narradores cubanos del siglo XX.
Cursó la enseñanza primaria y secundaria en esta ciudad y cuentan que comenzó a escribir a los 16 años. En esta etapa que descollaba como hombre trabajador se instaló en varias ciudades del país donde realizó múltiples oficios como los de jornalero, vendedor ambulante, cortador de caña, pintor de brocha gorda, entre otros.
Narra su hoja de vida que en 1959 se trasladó a La Habana donde escribió para el cine y la radio. Sin embargo la capital le resultaba muy ajena a su espíritu y extrañaba su terruño. Es en 1960, con 44 años de edad, que hace su entrada triunfal a la literatura cubana al obtener el premio de novela del primer concurso de Casa de las Américas, con “Bertillón 166″, obra que refleja la esencia del Santiago insurgente y batallador.
Durante esta época convivía José Soler Puig con los personajes de sus obras, y compartía sus sueños, desventuras y glorias. Dicen que continuó escribiendo una obra intensa donde lo humano y la cubanidad se combinan para dejar un legado literario con Santiago de Cuba como principal protagonista. De su mano entregó novelas como Una mujer, El derrumbe, En el año de enero, Bertillón 166, El pan dormido, El caserón, Ánima sola, por solo mencionar algunas.
Falleció en agosto de 1996 dejando una obra imperecedera y rodeado de la admiración de quienes vieron al hombre sencillo y trabajador crecerse como escritor con la reverencia constante a su ciudad héroe.















