Asalto al Moncada, una acción inevitable

Tras el cuartelazo del 10 de marzo de 1952 fecha que afianzó la injusticia en el poder en la Cuba de entonces no quedaba otra opción que la vía armada para terminar con la opresión y el servilismo de los sucesivos gobiernos desde la instauración de la república. Es entonces cuando un grupo de jóvenes con Fidel al frente ataca el Cuartel Moncada, segunda fortaleza militar de la isla para armar al pueblo en la lucha inevitable por la libertad.

Con la algarabía desbordante de Santiago de cuba en carnaval como cómplice y la convicción de que el pueblo diría presente al llamado de la patria contra el régimen dictatorial, llegaron por diferentes vías los jóvenes que desde meses atrás se preparaban en diferentes pueblos del país para atacar al cuartel Moncada.

Mientras en las afueras de la ciudad, en una discreta granja alquilada para la ocasión en la carretera de siboney todo estaba dispuesto para recibirlos.

Allí, la noche anterior, los 135 jóvenes seleccionados para la gesta heroica conocieron el plan de ataque y recibieron los uniformes y armas. Minutos antes de la salida aumentaría el palpitar de sus corazones al escuchar la lectura del poema de Raúl Gómez García y el ardiente discurso de Fidel antes de marchar al combate.

Tal y como estaba previsto inicia la acción las 5 y 15 de la madrugada, sin embargo falla el importante factor sorpresa y un grupo de jóvenes se extravía a la entrada de la ciudad y no llega nunca a su destino. Abel con un grupo de jóvenes ocupa el hospital civil, Raúl se apodera del palacio de justicia y Fidel al frente del grueso de la tropa ataca el campamento militar por la posta tres.

Proseguiría entonces un baño de sangre joven provocado por la frustración del tirano que se negaba a admitir que jóvenes sin experiencia militar le provocara tantas bajas al ejército.

El Moncada fue una acción inevitable, el motor pequeño que pondría en marcha el motor grande de la lucha armada hasta el triunfo definitivo por la independencia.

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