Alejandro Almenares: “Más lindo que esto no hay nada”


La cita estaba pactada para las 10 de la mañana en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba, “José (Pepe) Sánchez”, y, por supuesto, no podía ser en ningún otro lugar. Alejandro Almenares había sido claro al expresar el significado de este sitio para su carrera como acompañante de intérpretes de música tradicional cubana.

Este santiaguero, que se ha ganado el reconocimiento de sus coterráneos y de quienes lo conocen por su amplia trayectoria, posee un elevado sentido del ritmo y un oído privilegiado, características sumamente necesarias en un guitarrista acompañante, labor mayormente desempeñada por nuestro entrevistado.

Santiaguero de “pura cepa”, hombre humilde y amante de la familia, se acomoda en un taburete de la casa común de los trovadores en Santiago, y al tiempo que enciende su tabaco, con la picardía de quien ha vivido mucho, nos comenta sobre su niñez y juventud en un hogar humilde cubano. Sonríe y luego de tomarse unos minutos confiesa que lo recuerda todo, “como si lo estuviera viviendo todavía”, y rápidamente apunta “una buena niñez, una buena vejez”. Nuevamente la sonrisa afable mientras asiente con la cabeza.

Hijo de Ángel Almenrares, auténtico trovador santiaguero quien formó un histórico dúo con Ramón Márquez, quien junto a este y Virgilio Palais, Miguel Ángel Jústiz, Anselmo Lainati y otros trovadores fundaron la Casa de la Trova santiaguera, la más famosa de Cuba. Por ello no es extraño que tras haber vivido una larga trayectoria musical, Alejandro Almenares nos confiese que todo cuanto sabe hoy de la música se lo debe a su padre, de quien expresa con orgullo: “fue un gran músico, y lo único que yo hice fue seguir el mismo sendero de mi padre, hasta la fecha”, “y que buena sea”, se apresura en decir.

La guitarra, su inseparable compañera, es parte ya de su vida pues considera haber descubierto todos sus secretos. Y a ella, según nos cuenta, le debe también muchos de los placeres que le ha dado la vida en su labor como músico, entre los que se encuentran “el haber acompañado a muchas personas preciosas y valiosas como María Remolá, Elena Burque, Omara Portuondo, Dominica Borge, entre tantos”.

Carpintero de oficio fue un poco más allá y se adentró en el mundo de la fabricación de instrumentos musicales llegando a ser reconocido como tal, labor que aprendió junto al fallecido Rigoberto Echevarria (Maduro), y que desempeña hasta el presente.

Sobre la reapertura del local fundacional de la Casa de la Trova santiaguera nos dice feliz: “esto es maravilloso, yo me siento muy feliz, porque no pensé que esto volviera a estar así, como era antes”. Seguidamente recuerda cómo trabajó en la inauguración de este sitio hace más de 4 décadas: “en la elaboración de los cuadros del interior del local, en la tarima, en la reparación del viejo refrigerador, y en tantas cosas”. “Me siento súper orgulloso de que esto vuelva a ser como era antes, o que está siendo ya como era antes”.
Luego nos acerca al Almenares de todos los días, y se define como alguien: “siempre jovial, risueño, contento”. “Tengo que vivir así, feliz, con mi tabaquito y mi musiquita, para deleitarme y deleitar a los demás, con esas cosas lindas que tiene la vida, porque esa es mi vida y así me voy a morir, en esas cosas preciosas que tiene la vida”.

Entonces se impone una pregunta: ¿Qué es Santiago para Almenares”, y la respuesta viene como del fondo del alma cuando dice: “Oh, esto es mi vida, pudiera vivir en La Habana hace años, pero no yo, yo mi chaguito, mi chaguito, yo soy de aquí, “tivolicero”, “trochero”, mi mundo está aquí, de aquí no hay quien me saque, puede haber lo más lindo en el mundo, pero más lindo que esto no hay nada, para mi, ese es mi criterio, respeto el de los demás”.

Y como todo trovador, se inspira antes de la despedida y dedica a esta reportera estos hermosos versos que demuestran porqué es la trova un género que sobresale por la reverencia al amor y la belleza: “Carita anacarada, eres mi adoración, con tu boca bonita y ojitos en bondón, tu pelo es sedoso, que rostro tan hermoso, donde lo he visto yo que me ha robado el corazón, en cuadros y en revistas no he perdido la pista de tu imaginación, carita anacarada, carita anacarada, eres mi adoración”.

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