Por estos días es recurrente ver en los barrios cubanos grandes ajetreos y reuniones de vecinos. Se limpia, pinta y revitalizan los jardines, a la par que se actualizan los murales y sitios de propaganda revolucionaria. También se utilizan las más variadas iniciativas para la elaboración de carteles y consignas alegóricas a la fecha y el momento histórico. Y es que el motivo es grande en verdad: los Comités de Defensa de la Revolución, CDR por sus siglas, cumplen 50 años de creados.
Esta organización de masas, la más grande en Cuba, está compuesta por personas de todas las edades y está presente en todos los sitios del territorio nacional. Porque aunque es necesario tener 14 años para integrarla oficialmente, nuestros niños, fieles seguidores de las ideas de combate y solidaridad de esta estructura, crean y hacen funcionar a la par los CRD infantiles.
Entonces no es exagerado decir que toda Cuba se prepara para los festejos del 27 esperando el 28. Y esto no es hablar en clave, pues significa que este 27 de septiembre, como en los años precedentes, el pueblo compartirá momentos de alegría y compromiso en su área de residencia en espera del 28 de septiembre, día de los CDR.
Ya se prevén las actividades culturales casi siempre protagonizadas por nuestros niños, quienes hacen gala de sus aptitudes, y declaman, representan obras dramáticas muchas veces fruto de su imaginación, bailan y preparan las condiciones para el rumbón de los adultos.
Cómo elemento indispensable de las fiestas del barrio desde horas de la mañana se preparan las condiciones para la tradicional caldosa o ajiaco, cuyos ingredientes son aportados por los vecinos. Uno saca su equipo de música y otro desempolva adornos para dar colorido a la fiesta. El resto de los ingredientes de la fiesta queda siempre a propuesta de los protagonistas.
Y luego, en la noche, todos bailan, conversan y disfrutan sanamente de un cumpleaños colectivo pues decir Comité de Defensa de la Revolución es decir pueblo.
Sea entonces este 50 aniversario un motivo más para ratificar la solidaridad del pueblo cubano; así como el llamado de justicia que proclamamos con Fidel, líder histórico de nuestra revolución como abanderado, en momentos en que se define el futuro de la especie humana. Sirvan la alegría y el ímpetu de los cubanos como el mejor regalo.

